En Shriners Children’s, los cuidadores saben que cuando un niño se enfrenta a un diagnóstico médico grave, puede ser traumático para toda la familia. Los padres y hermanos necesitan apoyo, necesitan ayuda y necesitan un hombro fuerte en el cual puedan apoyarse.
Por eso Shriners Children’s ofrece una atención integral que apoya a toda la familia. Nuestros hospitales y clínicas cuentan con trabajadores sociales y psicólogos y, en ocasiones, incluso con perros de terapia, para ayudar a las familias a afrontar la situación. Muchos centros de atención ofrecen ayuda para que las familias se alojen en lugares cercanos, de modo que puedan permanecer cerca durante la estancia de su hijo.
Sin embargo, es más que eso. Nuestros médicos, enfermeros y personal comprenden la angustia que pueden sentir las familias durante una estancia en el hospital o una visita a la clínica. Ofrecen recursos para ayudar a los padres y pacientes a afrontar sus miedos y ansiedades.
Luego están los Shriners, que son voluntarios dedicados, generosos, confiables y siempre dispuestos a ayudar. Transportan a los pacientes, apoyan a las familias y se ocupan discretamente de los pequeños detalles que marcan una gran diferencia en los momentos difíciles.
No existe ningún ámbito en el que ese tipo de atención médica integral sea más evidente que en el cuidado de los niños que se recuperan de lesiones por quemaduras.
Los pacientes con quemaduras graves pueden permanecer en el hospital durante muchos meses. Su recuperación suele prolongarse durante muchos años, ya que regresan para someterse a tratamientos reconstructivos y con láser a fin de mejorar las cicatrices y su movilidad.
Una lesión por quemaduras no solo cambia la vida del niño, sino que también cambia por completo el mundo de su familia. De repente, se ven inmersos en un mundo de batas blancas, consultorios y jerga médica desconocida. Tanto el paciente como la familia necesitan mucho más que un tratamiento especializado para el trauma físico: también necesitan compasión, orientación y apoyo emocional en todo momento.
La aceptación lo es todo
Milli, de 15 años, se describe a sí misma como una apasionada de las emociones fuertes. Se atreve a subirse a montañas rusas extremas, ver películas de terror y participar en cualquier actividad que la saque de su zona de confort. Pero la experiencia más aterradora de Milli fue una que nunca esperó.
En julio de 2024, Milli y sus hermanos estaban usando un pequeño fogón de mesa para hacer bombones. Era un día con mucho viento, así que cuando alguien echó más combustible, las llamas se propagaron hacia Milli y le prendieron fuego a la ropa y al cabello.
“Recuerdo que había fuego a mi alrededor”, contó Milli. “Al principio no sentí ningún dolor, pero mis hermanos me dijeron que me tirara al suelo para ahogar las llamas”.
Robbie, el padre de Milli, la oyó gritar y acudió rápidamente para ayudarla. “Es difícil recordar todo lo que pasó, pero la llevé de inmediato a la sala de emergencias”, contó Robbie.
Milli fue trasladada a Shriners Children’s Ohio con quemaduras de segundo y tercer grado en el pecho, los brazos, el cuello y el rostro. “La mañana después de que me quemé, me miré en el espejo y no me reconocí”, dijo. “Estaba muy roja y ampollada”. Milli y Robbie estaban preocupados por los efectos a largo plazo, tanto internos como externos, que esto tendría en ella.
“Me preocupaba cómo iba a lucir el resto de mi vida”, manifestó Milli. “¿La gente me aceptaría con estas cicatrices?”.
Parte de la atención integral que se brinda en Shriners Children’s incluye técnicas de afrontamiento para ayudar a los pacientes no solo a aceptar, sino también a asumir con optimismo su vida como sobrevivientes de quemaduras. “Pasé por días muy duros con la terapia y los estiramientos, pero el equipo siempre supo cómo darme impulso para seguir adelante”, afirmó Milli.
“Después de que la dieran de alta, me preocupaba cómo iba a ser la recuperación de las heridas”, compartió Robbie. “Llamé a su equipo y me pidieron que les enviara fotos de las heridas de Milli. Me aseguraron que su recuperación iba bien. Esto me hizo sentir que, aunque no estaba en el hospital, el equipo me seguía apoyando”. Supieron cómo ayudar al padre de Milli a aceptar y confiar.
“Fueron los enfermeros quienes me animaron a dejar que Milli regresara a la escuela y a no preocuparme por lo que los niños pudieran decir sobre sus cicatrices”, afirmó Robbie. “Me alegro de haber seguido su consejo, porque ella es muy segura de sí misma y sociable, a pesar de todo lo que ha pasado”.
“El apoyo que le brindaron a mi papá le permitió ser simplemente un papá y estar ahí para mí”, agregó Milli. “La quemadura es algo que me pasó, pero no me define”, afirma. “Mis cicatrices muestran fuerza y valentía, y eso es precisamente lo que quiero que sientan otros sobrevivientes de quemaduras” manifestó.
Un poco de humor ayuda

Una escalada impulsiva cambió la vida de Nathanael para siempre: un día de verano, el estudiante de secundaria estaba buscando algo divertido que hacer y decidió escalar lo que creía que eran postes telefónicos.
“Estaba muy aburrido”, dijo Nathanael. “Tuve la mala idea de treparme a esos postes, pero resultaron ser líneas eléctricas. Me electrocutaron y me caí”.
El accidente dejó a Nathanael con quemaduras por corriente eléctrica que cubrían el 45% de su cuerpo. Fue trasladado a un hospital de Houston y, posteriormente, a Shriners Children’s Texas, en Galveston, para recibir atención especializada para quemaduras. Una de las primeras cosas que recuerda después del accidente es haber escuchado al equipo de atención médica hablar de amputarle el brazo izquierdo.
“Entraba y salía del estado de conciencia, pero recuerdo despertarme y escucharlos decir que iban a amputarme el brazo izquierdo”, dijo Nathanael. “Solo les pregunté si podían quitarme primero el reloj”.
Ese sentido del humor ha sido una de las mayores fortalezas de Nathanael. Se valió de la risa, la creatividad y la determinación para afrontar cada nuevo desafío. Anteriormente era zurdo y tuvo que volver a aprender a escribir, dibujar y realizar las tareas cotidianas con la mano derecha. Gracias a la ayuda de su equipo de terapia física, está logrando progresos constantes.
Su familia pudo permanecer en el hospital durante gran parte del tiempo que él estuvo allí, lo cual representó un gran alivio para Nathanael; sin embargo, no siempre fue fácil para sus padres. El joven sentía dolor y, a veces, estaba desorientado, sobre todo por la noche. Los enfermeros Gene y Rick siempre estaban ahí para consolar a Nathanael y tranquilizar a sus padres. La madre de Nathanael comentó: “Ver a los enfermeros de Nathanael tan serenos y competentes fue sumamente tranquilizante durante este momento tan estresante”.
La fuerza para seguir adelante

“Ser un sobreviviente de quemaduras me ha preparado para la vida”, expresó Tommy. “Gracias a Shriners Children’s, sé que puedo hacer cualquier cosa”.
En medio de un mar de togas y birretes, Tommy se erguía orgulloso en su ceremonia de graduación de la escuela secundaria. Había triunfado contra todo pronóstico. Unos meses antes, en una noche oscura y lluviosa, Tommy tuvo un accidente con su automóvil y quedó atrapado en el vehículo que ardía en llamas. Aunque el equipo de primera intervención le había salvado la vida, su proceso de recuperación acababa de empezar.
–Maggie, madre de Tommy
Tommy estuvo en coma inducido durante seis semanas y despertó en la unidad de cuidados intensivos de Shriners Children’s Northern California. Sus manos y piernas sufrieron quemaduras graves, así que tuvo que someterse a cirugías para salvarlas. Tommy se sometió a más de 20 cirugías, incluyendo múltiples injertos cutáneos en las piernas.
Finalmente, sus lesiones le provocaron la pérdida de la pierna derecha y las yemas de los dedos.
Los cuidadores pronosticaron inicialmente que no volvería a caminar en un año; sin embargo, gracias a un arduo trabajo y a un plan de rehabilitación cuidadosamente diseñado por sus fisioterapeutas, solo cinco meses después del accidente, Tommy atravesó toda la tarima junto a sus compañeros de secundaria para recibir su diploma.
“La atención integral, que incluía atención médica, terapia física y ocupacional, así como escolarización, posibilitó que nuestra familia se centrara en ayudar a Thomas y en nuestra propia recuperación mental y psicológica”, comentó la madre de Tommy, Maggie. “Fue una época traumática, pero estar en un entorno tan comprensivo que se preocupara por toda la familia nos permitió superar el trauma y recuperarnos”.
Siempre presentes durante el proceso
Otra forma en que Shriners Children’s apoya a toda la familia, y se distingue de otros sistemas de atención médica, es a través de su dedicada red de voluntarios, que desempeñan un papel fundamental en el proceso de atención de cada paciente y su familia. Los voluntarios siempre están dispuestos a ayudar, ya sea recaudando fondos, proporcionando transporte o simplemente acompañando a las familias cuando más lo necesitan.
Un ejemplo claro es Ron Watt, un Shriner de Northern California, que recientemente condujo más de 1,000 millas en un solo día para garantizar que una joven paciente pudiera acudir a su cita de seguimiento. Salió de su casa cerca de Sacramento poco después de medianoche, viajó hasta el remoto condado de Modoc para recogerla y luego condujo durante cinco horas hasta Shriners Children’s Northern California. Luego de haber esperado tres horas mientras ella recibía atención médica, la llevó a casa y finalmente regresó a la suya casi 24 horas después de haber salido.
Ese es el espíritu de Shriners Children’s. En Shriners Children’s, nadie emprende la travesía solo.
Prepare l camino hacia una nueva vida

Gracias a la ayuda de nuestros especialistas en quemaduras, niños como Scarlett y Kaiden se están recuperando y progresando tras sufrir lesiones graves.
Scarlett tenía tan solo 2 años cuando sufrió quemaduras en los pies tras pisar las cenizas de una fogata apagada en el patio trasero de su casa. Durante la pandemia, su familia organizó un campamento en el patio trasero para pasar más tiempo al aire libre. Scarlett tuvo una experiencia tan positiva en Shriners Children’s Boston que quiere saber cuándo podrá volver a visitarlo. Ahora Scarlett tiene 7 años y le encanta bailar y practicar gimnasia.

Kaiden ha vuelto al campo a jugar al béisbol tras sufrir una lesión por escaldaduras durante un juego acuático en un campamento de verano. Su familia está muy agradecida por el tratamiento que Kaiden recibió en Shriners Children’s Boston y por el increíble equipo médico. “El médico era divertido, cariñoso y sí le importábamos de verdad”, dijo Ashley, la madre de Kaiden.
OBTENGA MÁS INFORMACIÓN Shriners Children’s ofrece servicios especializados de atención de quemaduras. Visite https://l.ead.me/BurnCareLocations para explorar las opciones.
