Cuando Carter volvió a entrar por las puertas de Shriners Children’s St. Louis, ya no era el niño pequeño que recibía atención ortopédica pediátrica. Ahora, a sus 30 años, este esposo, padre y atleta adaptado profesional regresó a su “hogar” para darle las gracias a su médico.
¿El motivo? Un reencuentro con su médico, Perry Schoenecker, M.D., quien ayudó a Carter y a su familia a tomar muchas de las decisiones médicas más difíciles.
La atención médica de Carter en Shriners Children’s comenzó cuando era un niño pequeño. Carter nació con una afección compleja y poco común llamada deficiencia focal femoral proximal, de modo que su pierna derecha era mucho más corta que la izquierda. Sus padres acudieron a Shriners Children’s para recibir atención ortopédica especializada.
El Dr. Schoenecker trabajó en estrecha colaboración con la familia de Carter para diseñar un plan de tratamiento personalizado. Durante sus primeros años de vida, Carter utilizó un aparato ortopédico para compensar la diferencia de altura con el otro pie; sin embargo, la disparidad se hizo demasiado grande. La familia de Carter se enfrentó a una decisión crucial: intentar alargar la pierna o amputarle el pie y ponerle una prótesis.
Gracias a las conversaciones con otras familias de Shriners Children’s y a la atenta orientación del Dr. Schoenecker, pudieron elegir con tranquilidad lo que era mejor para la movilidad a largo plazo de Carter. En su caso, esto significó una amputación a los 4 años.
Nace una estrella del deporte
A medida que Carter crecía, fue sobresaliendo en los deportes. Incluso con una prótesis, se convirtió en uno de los mejores atletas de su escuela secundaria. Cuando los deportes tradicionales se volvieron más desafiantes, una coincidencia lo llevó a probar el baloncesto en silla de ruedas, un deporte adaptativo que cambió su vida.
Carter obtuvo una beca completa para jugar al baloncesto en silla de ruedas en la University of Missouri. Más adelante se unió al equipo de Estados Unidos, con el que viajó por todo el mundo contribuyendo a que su equipo obtuviera la medalla de oro en el torneo masculino de la Federación Internacional de Baloncesto en Silla de Ruedas celebrado en Bogotá en 2013; sin embargo, su evolución atlética no se detuvo ahí.
Tras una pausa en el deporte, Carter descubrió el golf adaptado, un deporte que ahora practica de forma competitiva, muchas veces con su esposa, Laura, a su lado como caddie. Juntos, están criando a dos hijos y disfrutando de una vida llena de energía, en todos los sentidos de la palabra.
Una mirada retrospectiva llena de gratitud
Incluso ahora, Carter habla con cariño de su estancia en Shriners Children’s: “Pasé por muchos momentos traumáticos en ese hospital, y el hecho de que ahora lo recuerde con cariño y felicidad se debe únicamente al equipo que estaba en ese momento y que sigue allí hoy en día”, afirmó Carter.
Para este antiguo paciente, Shriners Children’s no fue solo un hospital. Fue allí donde comenzó su historia y donde aprendió que nada, ni siquiera una prótesis de pierna, podía limitar su potencial.
Mientras Carter abrazaba al Dr. Schoenecker, tuvo que contener las lágrimas. No por tristeza, sino por una gratitud abrumadora hacia el médico que cambió su vida. Dar las gracias fue solo una parte de su regreso. El resto fue una promesa silenciosa de seguir adelante y ayudar a iluminar el camino por el que deberá transitar el próximo niño que se enfrente a una situación similar a la suya.
